sábado, 13 de septiembre de 2008

Any, tu eres mi ángel

Son tantas cosas que me encantaría decirte a la cara, que de seguro me pasaría horas y horas hablando contigo, y tú estarías días y días dispuesta a hacerlo. Tengo que confesarte que me resulta inexplicable que del millón de momentos que tengo junto a ti, no hay ni siquiera uno, en que no estuviera presente tu amor y cariño incondicional, el hecho de que estuvieras preocupada de cada detalle de todos nosotros, tu fuerza para defender a costa de lo que fuese a tu familia, tus palabras, tu sonrisa, tu dulzura, y por sobretodo tus caricias en el pelo que tanto extraño.

Créeme que aunque te dijese todas las palabras lindas del mundo, aún no alcanzarían para expresar el cariño y el amor que te tengo. Nunca voy a olvidar mis primeros recuerdos, donde cada día de la semana estaba junto a ti, en tu casa del Manzanal. Esos veranos enteros donde me iba a pasar los meses de vacaciones al campo para que estuviéses conmigo. Todas esas cosas ricas que cocinabas, y cómo disfrutabas de cultivar tu huerto de plantas y flores.

Me gustaría esconder el dolor que me causa que ya no estás conmigo. El odio que siento hacia esa maldita enfermedad que te fue apartando de todos nosotros desde hace algunos años. Pero aunque quisiera ocultarlo, me verías a los ojos, y descubrirías toda esa tristeza y me dirías las palabras precisas para que todo pasara. De alguna manera, pienso que en esta ocasión es mejor dejar mi egoísmo de lado para que por fin descanses en paz, pues nadie más que tú se lo merece.

Con nada te puedo agradecer la persona especial que me hiciste. Que aunque nadie se lo explicase, haya sido la última persona a la que reconocías, el último nombre que recordaste, las sonrisas y besos que me regalabas hasta los últimos días. Por sobretodo, el último deseo que me cumpliste, y que sólo tú sabes.

Te diste la maña de irte en un día raro y muy muy mágico. Te cuento que hubo muchísima gente ese día. Estaban todos los que te querían, y todos los amigos de los que te querían. Que mientras acontecía tu misa, se escuchaban unos truenos impetuosos, y que cuando ibamos rumbo al funeral caía un rocío casi imperceptible, y que el momento de tu última despedida ocurre en un día de arcoiris y rodeada de muchas muchas flores. Parece que te hiciste cargo de hacerles saber a todos, lo mucho que te gustaban.

Te prometo que mis recuerdos hacia ti serán siempre felices, y que cada cosa que haga, lo haré pensando en que es lo que te hubiese gustado para mí. Que daré mi cara cada vez que alguien te nombre y quiera saber de ti. Les contaré que nunca te dije "abuelita", que siempre te llamé "Any" o "Nany", que aunque te veías chiquitita, eras la persona más grande que conocí, les diré todo, todo. Y guardaré en mi corazón el ángel que ahora tengo.

Un abrazo y mil besos.

Caco